El asilo en embajadas y legaciones

Un ejemplo es el caso de Julian Assage en la Embajada de Ecuador en Inglaterra

En este capítulo trataremos un tema que estuvo practicándose en los países hispanoamericanos y que la cobró preponderancia con motivo de la guerra de España. El segundo Tratado de Montevideo de 4 de agosto de 1939, trata del tema con mucha extensión y comete el grave error de creer que la función de extraterritorialidad alcanza hasta considerar territorio del país del diplomático los lugares en que se hallan edificadas las Embajadas y Legaciones. Es obvio, puesto que en el artículo 29 enumera éstas junto con los buques de guerra, con los campamentos y con las aeronaves militares.

Es del todo abusivo que ese excepcional asilo, no sólo se extienda a las Embajadas o Legaciones propiamente dichas, sino que se amplíe a la posibilidad de alquilar locales para amparar en ellos a los que buscan refugio. Véase al respecto el artículo 89 de este nuevo Tratado de Montevideo además en él se imponen limitaciones: sólo se asilará a los delincuentes políticos contra los que no proceda extradición (articulo 2°). Además se prevé que los protegidos por la legación no alteren la paz pública ni ejerzan acción política, ni se comuniquen con el exterior (artículo 5°). En España se dio el triste caso que desde muchas delegaciones y embajadas se conspiraba impunemente. El Tratado de Montevideo que puede exigir el Estado donde el cuerpo diplomático ampare los delincuentes políticos; que los saquen del territorio, prestando los medios necesarios y la debida seguridad. No se les permitirá detenerse en su país ni volver a él. De modo que si volviere no gozaran de nuevos asilos.

EL ASILO DIPLOMATICO

La esencia de este asilo consiste en que la sede representante diplomático sirve de protección a las personas que son perseguidas por las autoridades del país donde está acreditado el representante diplomático. Es por esta razón que el asilo concebido de la manera anteriormente definida, puede nombrarse Asilo Diplomático.

Este hasta el siglo XV era desconocido, puesto que hasta ese momento las Embajadas o legaciones de carácter permanente no existían. Así por ejemplo, en la antigüedad, lo mismo que en la Edad Media, los embajadores y Legaciones no eran sino personas encargadas de una misión temporal: dicho de otro modo, ellos no residían en el país de su misión. Lo que consagró de manera definitiva la transformación de embajadores intermitentes en embajadores permanentes fue el Congreso de Westfalia (1648).

El Asilo en América Latina, desde su origen ha sido una institución importada. Al mismo tiempo, a causa de su condición de colonia, los países latinoamericanos hasta el momento no conocían otra forma de asilo que el religioso. Precisamente en el siglo XIX, cuando la mayoría de los países  América Latina se emanciparon el Asilo Diplomático, había sido condenado por la doctrina y la política de países Europeos. El Asilo Diplomático fue adoptado por los países latinoamericanos en su aspecto más “moderno’ es decir, que fue acordado desde el inicio, únicamente en favor de personas perseguidas por causas políticas, y no en favor de criminales de delitos de derecho común.

“Rodolfo Nervo expresa que: La tradición del Asilo existente en América Latina, cuyo origen deben buscarse sin duda en la generosidad y los sentimientos hospitalarios de esos jóvenes nacionalistas más bien, que en las frecuentes conmociones políticas, como es la opinión de algunos internacionalistas”.

Convención de Caracas de 1954, sobre Asilo Diplomático; Esta convención fue firmada por todos los países latinoamericanos, en fecha 28 de marzo de 1954 en la Décima Conferencia Interamericana.- Según el Art. 2 de esta Convención el Asilo como derecho subjetivo pertenece sólo al Estado y no al individuo, pero el individuo siempre tiene el derecho de solicitar o buscar Asilo, lo cual se prevé en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Según el Art. 4, de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre pertenece al Estado que otorga el Asilo, clarificar la naturaleza del delito o de juzgar los motivos de la persecución. Por su parte, el Art. 6, no sólo liga de urgencia con que aquél cuando la vida del individuo está en peligro por persecuciones de masas excitadas, sino que se extiende el caso de urgencia cuando la libertad del individuo se encuentra en peligro sin importar qué tipo de persecuciones políticas.- El Art. 7, expresa que el que determina esta noción de urgencia es el Estado aislante.

El funcionario asilante tomará en cuenta las informaciones que el gobierno territorial le ofrezca para formar su criterio respecto a la naturaleza del delito.

Es decir, que permite al Estado local participar en la calificación del delito. El Asilo, una vez acordado, el Estado que lo acuerda puede demandar la salida del refugiado para un territorio extranjero, y el Estado territorial está obligado acordar inmediatamente, salvo en casos de fuerza mayor, las garantías necesarias prevista en el Art. 5 así como el Salvo conducto.

Esta Convención da mayor precisión a ciertos dispositivos previstos en convenciones anteriores, y da a otras un matiz diferente, introduce disposiciones e incorpora muchas innovaciones introducidas por el Tratado de Montevideo de 1939.

Las Convenciones de La Habana de 1928, de Montevideo de 1933 y de Caracas de 1954, y los dos Tratados de Montevideo de 1989 y 1939, son los principales instrumentos jurídicos relativos al Asilo Extraterritorial elaborado en América Latina y a los cuales están afiliados la mayoría de los países que forman este continente. Aquellos que no están ligados ni a una u otra de las tres convenciones mencionadas, lo son uno de los dos Tratados. La República Dominicana, aunque firmó la Convención de Caracas de 1954, no está ligada por ninguno de los acuerdos mencionados.

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