Category: historia de mujer

María de las Angustias Villa (1814-1898)

Nació en la ciudad de La Vega en 1814, hija de Juan Ramón Villa.

En su casa se refugió Juan Evangelista Jiménez cuando visitó El Cibao con motivo del manifiesto de enero de 1844. Igualmente se hacían reuniones de los febreristas. 

Confeccionó con ayuda de sus hermanas la bandera dominicana que ondeó por primera vez en El Cibao el 4 de marzo de 1844.

Murió en el año 1898.

Concepción Bona (1824-1901)

Nació en la ciudad de Santo Domingo el día 6 de diciembre de 1824. Desde joven dio muestras de amor a la patria y se mantuvo en todo momento al tanto de todos los acontecimientos independentistas.
 
Confeccionó la primera bandera dominicana, la misma que ondeó airosa en el asta del Baluarte la noche del 27 de febrero.
 
Con apenas 19 años en 1844 era una ferviente admiradora de Los Trinitarios y decidida duartista. Vivía frente al Baluarte del Conde junto con su prima María de Jesús Pina y junto a ésta había preparado la bandera siguiendo los lineamientos trazados por Duarte. La noche del 27 de Febrero, en el momento sublime de la proclamación de nuestra independencia cruzó hasta el Baluarte, acompañó a los patriotas y pudo presenciar con orgullo, cómo flotaba al viento de la libertad el paño simbólico de la república naciente.
 
Su padre, temeroso de los riesgos y peligros que su hija corría, fue a buscarla; y al negarse ésta a abandonar a sus compañeros se la llevó amarrada, dejándola así durante varios días en su hogar.
 
Toda su vida, esta heroína dominicana la puso al servicio de los ideales redentoristas de Juan Pablo Duarte, y su aliento, más de una vez, sirvió para levantar el ánimo abatido de un joven dominicano.

Juana Saltitopa

Su verdadero nombre era Juana de la Merced Trinidad. Nacida en La Vega, residía en Santiago en los días de la fundación de la república. Su carácter decidido e independiente se contagió con el ardor bélico de aquel momento, en que se desempolvaban armas antiguas y se recolectaban machetes para enfrentar al ejército haitiano.
 
Llegadas las tropas a La Vega, entre las que figuraba la gente del Jamo capitaneada por Marcos Trinidad, Juana, pariente suya, se presentó al cuartel con la decisión de participar en la esperada lucha como soldado.
 
En la batalla del 30 de Marzo, ocupó su lugar entre los combatientes rompiendo las tradiciones de la época. En 1852 vivió en Santo Domingo, con sueldo de grado de coronel, (por lo que muchos la llamaron “la coronela”) que más tarde le fue suprimido, mandándola de nuevo al Cibao.
 
Usaba como arma un machete y vestía con ropas masculinas y en Santiago y La Vega se hacía acompañar de dos mujeres como edecanas. Según algunos era atractiva y de estatura mediana.
 
Murió asesinada en las afueras de Santiago, camino de Marilópez, cuando regresaba de La Vega en el año 1860.

Ana Valverde (1798-1864)

Nació en Santiago de los Caballeros, en 1798. Destacada febrerista, ella y su familia se opusieron a la ocupación haitiana prestando notables servicios al movimiento independentista de 1844.
Inmediatamente después de la proclamación del 27 de febrero, como se esperaba un ataque haitiano, esta valiente mujer se dedicó a recabar fondos para reconstruir los muros de la ciudad de Santo Domingo.

Cuando Pedro Santana tomó el poder, fue expulsada del país, murió en Santo Domingo el 20 de noviembre de 1864.

María Trinidad Sánchez

Nació en 1784. Primera víctima del crimen político en la historia republi­cana, es la más elevada expresión del liderazgo femenino en su época.
Hija de Fernando Sánchez e Isidora Ramona, perteneció al grupo de febreristas que lucharon por la Independencia Nacional. Junto a Concepción Bona, sus manos confecciona­ron la “primera bandera dominicana”.
Fiel seguidora del pensamiento y acción de Duarte, parti­cipó activamente en todo el proceso que culminó el 27 de febrero de 1844, momento decisivo en el que transportó pól­vora en sus propias faldas y elaboró muchos de los cartuchos que utilizaron Los Trinitarios esa noche.
Al rebelarse las intenciones anexionistas del General Pedro Santana, se integró a los movimientos conspiradores que surgieron para derrocarlo. María Trinidad alojó en su casa a los disidentes del General Santana y organizó y orientó la conspiración del 1845.
Intentando por todos los medios legales que los defen­sores de la independencia pudieran volver al país, el movi­miento conspirativo entre civiles y militares tenía por plan un cambio de gobierno, dejando a Pedro Santana con plenos poderes para que éste ordenara el regreso de los patriotas, para luego derrocarlo.
Al descubrirse la insurrección, María Trinidad fue una de las primeras personas apresadas. Única conocedora del escondite de su sobrino, Francisco del Rosario Sánchez, a quien le llevaba las comunicaciones que le enviaban, jamás lo reveló. Junto a otros conjurados fue juzgada por un Consejo de Guerra que les condenó al fusilamiento. El dictamen del Tribunal dice tex­tualmente, que fueron condenados como autores instrumen­tales de la conspiración considerados hasta el momento, y por haberse negado obstinadamente la primera (María Trinidad Sánchez) a confesar (es decir, a delatar) los principales.
Estas palabras dejan ver la entereza de carácter de esta mujer, ya que en los interrogatorios se le ofrecía la gracia de la vida si denunciaba a sus compañeros de conjura, pero esta heroica mujer prefirió callar y enfrentarse al pelotón de fusila­miento antes que traicionarlos.
El 27 de febrero de 1845, al cumplirse el primer aniversario de la fundación de la República, se ejecutó la sentencia. María Trinidad caminó desde la fortaleza Ozama hasta el cementerio, donde sería fusilada, y al pasar por la Puerta del Conde exclamó: “Dios mío, cúmplase en mí tu voluntad y sálvese la República”.
 
Su muerte fue producto de la fidelidad a los intereses de la soberanía nacional.

María Baltasara De los Reyes

Otra digna “Comunicada” y eminente patriota, bien puede ser llamada Ia primera mujer soldado de Ia República, pues estuvo presente fusil en mano, Ia noche gloriosa del 27 de febrero lapoetisa Josefa Perdomo Ia considera Ia primera de Ias mujeres de febrero.
Durante el transcurso de Ia conspiración, María Baltasara había colaborado con entusiasmo a Ia causa de Ia indepen­dencia participando en Ias actividades de “La Filantrópica”. Cuando Duarte tuvo que esconderse de Ia persecución de Ias autoridades haitianas encontró un refugio seguro en Ia casa de esta mujer. Fue tanta su discreción que ni aún Ia misma familia de Duarte sabia donde estaba escondido.
Astutamente María Baltasara, había sugerido su propio hogar porque se encontraba justo frente a los Duarte. Nadie buscaría a Duarte tan cerca de su propia casa. Pero allí estaba él, y detrás de una celosía podía diariamente ver a su familia sin que ellos se dieran cuenta. María Baltasara no descubrió el secreto sino hasta después de Ia salida de Duarte hacia el exterior.
Los Trinitarios no tenían a menos Ia condición femenina Incluían a Ias mujeres en sus planes para crear Ia nueva nacio­nalidad, así que llegado el momento de arriesgar sus vidas, no le negaron a estas Ia oportunidad de compartir los riesgos militares y con ello, Ia gloria de participar, arma en mano, en Ia hora suprema de Ia acción patriótica.
El día del levantamiento de febrero esta mujer acudió a Ia cita con Ia historia, y armada de un fusil, estuvo en Ia noche del 27 de febrero y la madrugada del 28, de guardia en el fuerte del Angulo e hizo varias incursiones hacia el rio.
De manera que cuando salió el primer sol sobre una República Dominicana independiente encima de los muros de un fuerte de Ia ciudad de Santo Domingo estaba una mujer haciendo guardia. Ella fue la precursora de otras, que en el devenir de nuestra historia, acompañarían a los hom­bres dominicanos; en tantos hechos de armas.