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Los mandamientos del abogado

Los Mandamientos del Abogado y/o Decálogo del Abogado

1º.  Estudia. El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serán cada día un poco menos Abogado.

2º. Piensa, El Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.

3º. Trabaja. La Abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la Justicia.

4º. Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha por la Justicia.

5º. Sé leal. Leal como tu cliente al que no puedes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando el sea desleal contigo, Leal para con el Juez que ignora los hechos, y debe confiar en lo que tu le dices y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.

6º. Tolera. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.

7º. Ten paciencia. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

8º. Ten fe. Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho, en la Paz como substitutivo bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni Paz.

9º. Olvida. La Abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

10º. Ama tu profesión. Trata de considerar la Abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proporcionarle que sea Abogado.

Código de Ética del Profesional del Derecho

CÓDIGO DE ÉTICA DEL PROFESIONAL DEL DERECHO

PRESENTACIÓN

El decreto No. 1290 del 2 de agosto de 1983, ratificó el Código de Ética del Profesional del Derecho, aprobado por la Asamblea del Colegio de Abogados de la República celebrada en fecha 23 de julio de 1983. Este documento tiene por objetivo fundamental lograr la moralización del ejercicio del derecho en nuestra sociedad. El Abogado tiene una alta misión de servicio a la ciudadanía, que debe ser realizada con probidad, lealtad, independencia, y respeto a los principios éticos y legales. El Código de Ética contiene los lineamientos de una conducta moral del profesional del Derecho. Los deberes del Abogado, el Secreto Profesional, sus relaciones con la clientela, con sus colegas, con los tribunales y la fijación de honorarios están claramente reglamentados. La transgresión de estas normas conlleva la aplicación de sanciones por el Tribunal Disciplinario del Colegio de Abogados de la República. En momentos en que la Nación Dominicana, en general y la Justicia y el ejercicio del Derecho en particular, atraviesan por una profunda crisis moral y de credibilidad, la Fundación Institucionalidad y Justicia, Inc. y el Colegio de Abogados de la República han querido editar este Código de Ética. Esperamos así, llevarlo al conocimiento de todos cuantos aman el derecho, la verdad y la justicia. Y abrigamos la esperanza de que sus preceptos iluminen el espíritu y el comportamiento del Abogado dominicano.

CÓDIGO DE ÉTICA

DEL PROFESIONAL DEL DERECHO

ARTICULO l.—Los deberes esenciales que la profesión de abogado impone a todo profesional del derecho, son: la probidad, la independencia, la moderación y la confraternidad.

PÁRRAFO: El profesional del derecho debe actuar con irreprochable dignidad, no sólo en el ejercicio de la profesión, sino en su vida privada. Su conducta jamás debe infringirlas normas del honor y la delicadeza que caracteriza a todo hombre de bien.

ARTICULO 2.-El profesional del derecho debe ser leal y veraz y debe actuar de buena fe, por tanto no aconsejará ningún acto fraudulento ni hará en sus escritos citas contrarias a la verdad. Para el profesional del derecho estará siempre antes une su propio interés, la justicia de la tesis que defiende.

ARTICULO 3.—En su vida el profesional del derecho debe cuidar con todo esmero de su honor, eludiendo cuanto pueda afectar su independencia económica, comprometer su decoro o disminuir, aunque sea en mínima medida, la consideración general que debe siempre merecer. Debe por tanto

conducirse con el máximo de rigor moral. La conducta privada del profesional del derecho se ajustará a las reglas del honor, la dignidad y el decoro, observando la cortesía y consideración que imponen los deberes de respeto mutuo entre los profesionales del derecho.

ARTICULO 4.—Los profesionales del derecho deben respetar y hacer respetar la ley y las autoridades públicas legalmente constituidas. El abogado como auxiliar y servidor de la justicia y colaborador en su administración, no deberá olvidar que la esencia de su deber profesional consiste en defender los derechos de su cliente con diligencia y estricta sujeción a las normas jurídicas y a la ley moral.

ARTICULO 5.—En sus alegatos verbales o escritos, el profesional del derecho debe usar de la moderación y la energía adecuadas, tratando de decir solamente lo necesario para la defensa de los derechos de la parte que patrocina. Cuando tuviere que criticar los fallos judiciales o los alegatos de su contrario, deberá abstenerse de toda expresión violenta o sarcástica; y si la gravedad del caso exige energía en la expresión, deberá, no obstante, abstenerse de toda vejación inútil y de violencias impropias.

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El mejor tribunal del mundo

Es aquí donde realmente se valora tu profesión
Tu oficina es el mejor tribunal del mundo

“El mejor tribunal del mundo es mi oficina”, esta fue expresión de un colega en el tribunal durante unas de esas pausas en que los jueces se retiran a considerar sobre un incidente o  conclusión de un caso.

Pasaron los años de este ejercicio sin frenos (muchos casos en los cuales solo pierde tiempo, dinero y vida) que indudablemente me llevaron a accidentarme sin lesiones graves, sin poner atención a la salud, a la economía y a la familia. Cuántas veces llegamos a nuestras casas, cansados, agobiados, con la faena de un día duro en los tribunales o tras las largas esperas en las oficinas públicas.

¿Cómo te fue hoy? – Mi esposa –  La respuesta estaba en mi rostro, en mi vestimenta, en mi maletín, y en la toga colgada sobre mi brazo izquierdo. Esta escena la definía como “terror, miedo, vergüenza y muchas cosas más”, por supuesto que no es un delito ir a trabajar y llegar sin dinero, en mi caso particular era una especie de patología, por lo cotidiano de la situación. Los reclamos familiares fueron totalmente válidos, y hasta cierto punto recibí apoyo.

Las situaciones cotidianas (Pago de electricidad, teléfono, cable, algunas cosas para el hogar) muchas veces no podían cumplirse, no por ser irresponsable, sino porque no había con qué, a pesar de trabajar duro, pero sin resultados económicos. De hecho, en mis peores momentos, representaba a ciertas personalidades influyentes en mundo empresarial nacional e internacional, y no tenía un centavo para un simple bocado, o comprar una “botellita de agua”.

Cuando la suerte y la fortuna tocaban a mi puerta, también me di cuenta que otros colegas sin mi consentimiento, usaron mis “generales de abogado”, para demandar a instituciones de intermediación financiera, por razones éticas, esto impedía que ellos se convirtieran en clientes de la oficina.

Todos estos golpes me hicieron reflexionar profundamente, y recordé aquella expresión “El mejor tribunal del mundo es mi oficina”, de este gran colega, duré un tiempo rogándole a Dios que me mostrara el camino, que en realidad no es difícil, así lo hizo.

¿Qué hice? Muchos expedientes los devolví a pesar de haberlo trabajado sin cobrar un centavo por adelantado.

Coloqué un letrero grande en la oficina, visible, muy visible, que se vea, donde hago saber claramente que cobro consultas, y le coloqué también un precio muy justo, el cual renuevo tres a cuatro veces al año. Muchas veces un cliente no tiene la totalidad de la consulta, y me coloca dos mil pesos en las manos, -Doctor solo tengo dos mil… los otros cuando vuelva! -. Esto ha cambiado mi vida, siento que he recuperado parte de mi dignidad profesional y puedo llegar con algo a la casa, en lo económico, más salud, tiempo y vida.

Dios me ha ayudado a elegir mejor los casos, he desarrollado ciertas condiciones para siempre ganar, no solo dinero, sino también salud, tiempo y vida.  El mejor tribunal del mundo es mi oficina.

En conclusión, aprendí además de cobrar consultas, que a mí me paga el que me contrata, me paga en el presente, nunca a futuro, ni para cuando su situación esté resuelta. Que de los primeros pagos que recibo, retiro el 30% que me corresponde.

Por David Richardson Santana